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TEXTO DEL DÍA
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CITA BÍBLICA
Descripción Biblia
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Referencias BÍBLICAS
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Domingo 3 de marzo
Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te
apoyes en tu propio entendimiento (Pro. 3:5).
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(Proverbios 3:5) Confía en
Jehová con todo tu corazón, y no te
apoyes en tu propio entendimiento.
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(Salmo 62:8)
Confía en él a todo tiempo, oh pueblo. Delante de él derramen ustedes su
corazón. Dios es refugio para nosotros. Sélah.
(Isaías 26:4)
Confíen en Jehová para siempre, porque en Jah Jehová está la Roca de tiempos
indefinidos.
(Jeremías 17:7)
Bendito es el hombre físicamente capacitado que confía en Jehová, y cuya
confianza Jehová ha llegado a ser.
(Proverbios 28:26) El que confía en su propio corazón es
estúpido, pero el que anda con sabiduría es el que escapará.
(Jeremías 9:23) Esto es lo que ha dicho Jehová: “No se
gloríe el sabio a causa de su sabiduría, y no se gloríe el poderoso a causa
de su poderío. No se gloríe el rico a causa de sus riquezas”.
(Jeremías 10:23) Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre
terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando
siquiera dirigir su paso.
(1 Corintios
3:18) Que nadie esté seduciéndose a sí mismo: Si alguno entre ustedes
piensa que es sabio en este sistema de cosas, hágase necio, para que se haga
sabio.
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Confiar en Jehová de
todo corazón implica hacer las cosas a su manera, es decir, según su
voluntad. Para ello es imprescindible que le oremos siempre y le pidamos con
sinceridad su guía. A muchos cristianos, no obstante, les resulta
muy difícil confiar de lleno en Jehová. Tomemos por caso a Linda, una
cristiana que admite: “Para mí, aprender a confiar plenamente en Jehová ha
sido una lucha continua”. ¿Por qué? “No tengo ningún contacto con mi
padre —cuenta—, y mi madre nunca se preocupó por mí, ni física ni
emocionalmente. Así que aprendí desde niña a cuidar de mí misma.” Debido a su
pasado, a Linda le cuesta mucho confiar en los demás. La capacidad y el
éxito personales, por otra parte, pueden hacer que nos creamos
autosuficientes. Hasta un anciano cristiano, apoyándose en su experiencia,
pudiera empezar a atender asuntos de la congregación sin orar primero en
busca de la guía divina. w11 15/11
1:3
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“No te apoyes en tu
propio entendimiento”
“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu
propio entendimiento.” (PRO. 3:5)
EL JEFE
de Claudia* ya ha
cerrado algunas secciones de su empresa y ha despedido a varios
empleados. Ella cree que será la próxima. ¿Qué hará si pierde el trabajo? ¿De
qué vivirá? Una cristiana llamada Pamela desea mudarse a un lugar donde se
necesitan más predicadores del Reino; pero ¿es sensato que lo haga? Samuel,
joven de 20 años, tiene una preocupación de otra índole. De pequeño
veía pornografía y ahora siente el fuerte deseo de volver a ese
vicio. ¿Cómo puede luchar contra la tentación?
2
¿En quién nos apoyamos a la hora de afrontar situaciones angustiosas, tomar
decisiones importantes o combatir las tentaciones? ¿Confiamos solo en
nosotros mismos, o arrojamos la carga sobre Jehová? (Sal. 55:22.) “Los
ojos de Jehová están hacia los justos —asegura la Biblia—, y sus oídos están
hacia su clamor por ayuda.” (Sal. 34:15.) Por
tanto, es vital que confiemos en Dios con todo el corazón y no en
nuestra propia inteligencia (Pro. 3:5).
3 Confiar en Jehová de todo corazón implica hacer las cosas a su
manera, es decir, según su voluntad. Para ello es imprescindible que le
oremos siempre y le pidamos con sinceridad su guía. A muchos cristianos,
no obstante, les resulta muy difícil confiar de lleno en Jehová. Tomemos
por caso a Linda, una cristiana que admite: “Para mí, aprender a confiar
plenamente en Jehová ha sido una lucha continua”. ¿Por qué? “No tengo
ningún contacto con mi padre —cuenta—, y mi madre nunca se preocupó por mí,
ni física ni emocionalmente. Así que aprendí desde niña a cuidar de
mí misma.” Debido a su pasado, a Linda le cuesta mucho confiar en los demás.
La capacidad y el éxito personales, por otra parte, pueden hacer que nos
creamos autosuficientes. Hasta un anciano cristiano, apoyándose en su
experiencia, pudiera empezar a atender asuntos de la congregación sin orar
primero en busca de la guía divina.
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Jehová espera que seamos consecuentes con nuestras oraciones y actuemos en
armonía con su voluntad. ¿Cómo podemos hallar el equilibrio entre contarle
nuestras preocupaciones y esforzarnos por resolver las situaciones difíciles?
A la hora de tomar decisiones, ¿qué precaución debemos tener? ¿Por qué
es importante orar cuando nos enfrentamos a tentaciones? A continuación
responderemos estas preguntas analizando varios ejemplos bíblicos.
En momentos de angustia
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Hablando del rey Ezequías de Judá, la Biblia dice: “Él siguió adhiriéndose a
Jehová. No se desvió de seguirlo, sino que continuó guardando sus
mandamientos que Jehová había mandado a Moisés”. Así fue, “en Jehová el Dios
de Israel confió él” (2 Rey.
18:5, 6). ¿Cómo reaccionó Ezequías cuando Senaquerib, el rey de
Asiria, envió a Rabsaqué y otros representantes a Jerusalén acompañados de un
gran ejército? Las poderosas fuerzas asirias ya habían tomado varias ciudades
amuralladas de Judá y ahora su objetivo era Jerusalén. Ezequías fue a la casa
de Jehová y se puso a orar así: “Oh Jehová nuestro Dios, sálvanos, por favor,
de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú,
oh Jehová, eres Dios, tú solo” (2 Rey. 19:14-19).
6
Ezequías fue consecuente con su oración. Por ejemplo, incluso antes de subir
al templo a orar, ordenó al pueblo que no respondiera a las
provocaciones de Rabsaqué. Además envió un grupo de hombres al profeta Isaías
en busca de consejo (2 Rey.
18:36; 19:1, 2).
Ezequías hizo lo que debía hacer. En esta ocasión no buscó el apoyo
de Egipto ni de naciones vecinas —una solución que no hubiera
estado en sintonía con la voluntad de Jehová— ni tampoco se apoyó en su
experiencia personal. Ezequías confió en Dios. Tras la matanza de 185.000
soldados enemigos a manos del ángel de Jehová, Senaquerib regresó a Nínive (2 Rey.
19:35, 36).
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Ana, la esposa de Elqaná el levita, también se apoyó en Jehová al sentirse
angustiada porque no podía concebir hijos (1 Sam. 1:9-11, 18).
Y el profeta Jonás fue liberado del vientre de un gran pez tras orar:
“Desde mi angustia clamé a Jehová, y él procedió a responderme. Desde el
vientre del Seol grité por ayuda. Oíste mi voz” (Jon. 2:1, 2, 10). Resulta
muy consolador saber que por difíciles que sean nuestras circunstancias,
siempre podemos acercarnos a Jehová con una “petición de favor” (léase
Salmo 55:1, 16).
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Además, los ejemplos de Ezequías, Ana y Jonás nos enseñan una lección sobre
lo que nunca debemos olvidar cuando oramos en momentos difíciles. Los tres
sufrieron el dolor de enfrentarse a situaciones amargas; aun así, sus
plegarias indican que su mayor preocupación no eran ellos mismos
ni sus problemas, sino el nombre de Dios, su adoración y el cumplimiento
de su voluntad. A Ezequías le dolió que se deshonrara el nombre de
Jehová. Ana prometió dar al hijo que tanto deseaba para que sirviera en el
tabernáculo de Siló. Y Jonás dijo: “Lo que he prometido en voto,
ciertamente pagaré” (Jon. 2:9).
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Cuando pedimos a Dios que nos libre de una situación compleja, es bueno
analizar nuestros motivos. ¿Nos preocupa únicamente resolver el problema, o
tenemos presente a Jehová y su propósito? Los sufrimientos pueden hacer que
estemos tan atrapados en nuestras circunstancias que el interés por los
asuntos espirituales pase a un segundo plano. Al pedirle a Dios que nos
ayude, nunca perdamos de vista a Jehová, la santificación de su nombre y la
vindicación de su soberanía. Todo esto nos ayudará a mantener una actitud
positiva aunque no se materialice la solución que esperábamos.
A veces Jehová responde a nuestras oraciones dándonos fortaleza para
aguantar la situación (léanse Isaías 40:29 y Filipenses
4:13).
Al tomar decisiones
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¿Cómo toma usted las decisiones importantes? ¿Decide primero, quizás, y luego
ora a Jehová para que bendiga su decisión? Veamos lo que hizo Jehosafat, rey
de Judá, cuando un ejército combinado de moabitas y amonitas le declararon la
guerra. Judá no estaba en condiciones de luchar contra ellos. ¿Qué hizo
entonces el monarca?
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“A Jehosafat le dio miedo, y dirigió su rostro a buscar a Jehová”, dice la
Biblia. Decretó un ayuno para todo Judá y reunió al pueblo “para inquirir de
Jehová”. Entonces Jehosafat se puso de pie ante la congregación de Judá y de
Jerusalén y oró: “Oh Dios nuestro, ¿no ejecutarás juicio contra ellos? Porque
no hay en nosotros poder delante de esta gran muchedumbre que viene
contra nosotros; y nosotros mismos no sabemos qué debemos hacer, pero
nuestros ojos están hacia ti”. El Dios verdadero oyó la súplica del rey
y libró milagrosamente al pueblo (2 Cró. 20:3-12, 17).
A la hora de tomar decisiones, sobre todo aquellas que pudieran
repercutir en nuestra espiritualidad, ¿no deberíamos confiar en Jehová más
bien que en nuestra inteligencia?
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¿Y qué deberíamos hacer ante un problema que nos parece de fácil solución
porque en el pasado resolvimos uno parecido? Un relato de la vida del
rey David nos dará la respuesta. Cuando los amalequitas arrasaron la ciudad
de Ziqlag, se llevaron a las esposas y a los hijos de David y de sus hombres.
David inquirió de Jehová, diciendo: “¿Voy en seguimiento de esta partida
merodeadora?”. Jehová le respondió: “Ve en seguimiento, porque sin falta los
alcanzarás, y sin falta efectuarás una liberación”. David se puso en marcha y
“logró librar todo lo que los amalequitas habían tomado” (1 Sam. 30:7-9, 18-20).
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Posteriormente, los filisteos invadieron Israel. David volvió a consultar a
Jehová y recibió una clara respuesta: “Sube, porque sin falta daré a los
filisteos en tus manos” (2 Sam.
5:18, 19). Al poco tiempo, los filisteos salieron una vez más
en batalla contra David. ¿Qué haría él ahora? Podría haber razonado: “Esto es
lo mismo que las otras dos veces, así que pelearé contra los enemigos de Dios”.
¿Decidiría él mismo, o buscaría la guía de Jehová? David no se fió de su
experiencia y volvió a orar en busca de consejo. ¡Y menos mal que lo hizo,
porque las instrucciones esta vez fueron diferentes! (2 Sam.
5:22, 23.) Cuando nos enfrentemos a una situación o problema que ya
hayamos tratado, tengamos cuidado de no confiar solamente en nuestra
experiencia personal (léase Jeremías 10:23).
14
Como todos somos imperfectos, nadie —ni siquiera los ancianos experimentados—
debe dejar de buscar la dirección de Jehová al tomar decisiones. Pensemos en
cómo actuaron Josué, sucesor de Moisés, y los ancianos de Israel cuando unos
astutos gabaonitas se les acercaron en son de paz. Estos se habían disfrazado
para dar la apariencia de que venían de un país distante. Sin preguntar a
Jehová, Josué y sus hombres sellaron un pacto de paz con ellos. Y aunque
es cierto que Jehová aprobó en última instancia aquel acuerdo, se aseguró de
que para beneficio nuestro se registrara en las Escrituras el hecho de que
no buscaron su dirección (Jos. 9:3-6, 14, 15).
Ante las tentaciones
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Al tener “la ley del pecado” en nuestros miembros, debemos luchar decididamente
en contra de nuestras malas tendencias (Rom. 7:21-25).
Pero ¿cómo salir victoriosos en esta batalla? Jesús dijo a sus discípulos que
la oración es imprescindible para resistir las tentaciones (léase
Lucas 22:40).
Aun cuando los malos deseos o pensamientos persistan después de haber orado,
es necesario que sigamos “pidiéndole a Dios” sabiduría para enfrentarnos a la
prueba. El discípulo Santiago nos garantiza que “[Dios] da generosamente
a todos, y sin echar en cara” (Sant. 1:5).
Y añade: “¿Hay alguno [espiritualmente] enfermo entre ustedes? Que llame
a sí a los ancianos de la congregación, y que ellos oren sobre él, untándolo
con aceite en el nombre de Jehová. Y la oración de fe sanará al
indispuesto” (Sant.
5:14, 15).
16
A la hora de resistir las tentaciones es esencial orar, pero hemos de hacerlo
en el momento debido. Pensemos en el caso del joven que se menciona en Proverbios 7:6-23.
Al anochecer camina por una calle donde sabe que vive una mujer inmoral.
Seducido por su persuasión y la suavidad de sus labios, el hombre va tras
ella, como un toro hacia el degüello. ¿Por qué ha ido hasta allí? Como es
“falto de corazón”, es decir, inexperto, es posible que esté librando una
batalla interna con algún mal deseo (Pro. 7:7).
¿Cuándo tendría que haber orado? Le hubiera sido útil hacerlo mientras la
mujer le hablaba, pero indiscutiblemente hubiera sido mejor que orara en el
momento en que le vino la idea de pasar por esa calle.
17
En la actualidad, quizás un hombre esté esforzándose por no ver
pornografía. Pero supongamos que entre en páginas de Internet donde él sabe
que hay fotos o videos provocativos. ¿No sería este un caso parecido al
que se plantea en el capítulo 7 de
Proverbios? La verdad es que correría un serio peligro. Para
resistir la tentación de ver pornografía, la persona debe buscar la ayuda de
Jehová antes de ponerse a navegar por páginas de Internet que pudieran
despertar tal deseo.
18
No es fácil vencer una tentación o un vicio. “La carne está contra el
espíritu en su deseo —escribió el apóstol Pablo—, y el espíritu contra la
carne.” Por lo tanto, “las mismísimas cosas que [quisiéramos] hacer,
no las [hacemos]” (Gál. 5:17). Para
triunfar, debemos orar fervientemente en cuanto se presenten las tentaciones
o los malos pensamientos, y entonces ser consecuentes con nuestros ruegos.
La Biblia nos recuerda: “Ninguna tentación los ha tomado a ustedes salvo
lo que es común a los hombres”; así que con la ayuda de Jehová podemos serle
fieles (1 Cor.
10:13).
19
Tanto si nos hallamos en medio de una situación difícil, tomando una decisión
importante o tratando de resistir una tentación, contamos con un regalo
maravilloso de parte de Jehová: el precioso don de la oración. Cuando
buscamos su guía, demostramos que confiamos en él. Además, debemos seguir
pidiéndole su espíritu santo para que nos guíe y nos fortalezca (Lucas 11:9-13).
Y sobre todo, confiemos siempre en Jehová y no nos apoyemos en
nuestro propio entendimiento.
[Nota]
Se han cambiado los nombres.
¿Recuerda usted?
• ¿Qué aprendimos de Ezequías, Ana y Jonás sobre la confianza en
Jehová?
• ¿Cómo subrayan los ejemplos de David y Josué la necesidad de
pensar bien antes de tomar una decisión?
• ¿Cuándo debemos orar para resistir las tentaciones?
[Preguntas del estudio]
1, 2. a) ¿Qué situaciones pudieran surgirnos en la
vida? b) Ante una situación angustiosa, una decisión importante o una
tentación, ¿en quién debemos confiar, y por qué?
3. a) ¿Qué implica confiar en Jehová? b) ¿Por qué
pudieran algunos sentirse inclinados a confiar en su “propio entendimiento”?
4. ¿Qué estudiaremos en este artículo?
5, 6. ¿Cómo reaccionó Ezequías cuando el rey de Asiria lo
amenazó?
7. ¿Qué consuelo obtenemos de las oraciones de Ana y Jonás?
8, 9. Según se ve en las oraciones de Ezequías, Ana y
Jonás, ¿qué era lo que más les importaba? ¿Qué aprendemos de esto?
10, 11. ¿Qué hizo Jehosafat al enfrentarse a una situación
complicada?
12, 13. ¿Qué ejemplo dio el rey David a la hora de tomar
decisiones?
14. ¿Qué aprendemos de lo que hicieron Josué y los ancianos de
Israel en el caso de los gabaonitas?
15. ¿Por qué es importante que oremos al enfrentarnos a
tentaciones?
16, 17. Si deseamos que Jehová nos ayude a resistir una
tentación, ¿cuándo debemos orar?
18, 19. a) ¿Por qué puede ser difícil resistir una
tentación, pero cómo podemos vencerla? b) ¿Cuál debe ser nuestra
resolución?
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domingo, 3 de marzo de 2013
Domingo 3 de marzo de 2013
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