(Éxodo 9:1-12:51) En
consecuencia, Jehová dijo a Moisés: “Entra a donde Faraón, y tienes que
declararle: ‘Esto es lo que ha dicho Jehová el Dios de los hebreos: “Envía a mi
pueblo para que me sirva. 2 Pero si continúas rehusando
enviarlos y todavía los tienes asidos, 3 ¡mira!, la mano
de Jehová va a venir sobre tu ganado que está en el campo. Sobre los caballos,
los asnos, los camellos, la vacada y el rebaño habrá una peste gravísima. 4 Y
Jehová ciertamente hará distinción entre el ganado de Israel y el ganado de
Egipto, y no morirá ni una sola cosa de todo lo que pertenece a los hijos de
Israel”’”. 5 Además, Jehová fijó un tiempo señalado,
diciendo: “Mañana hará Jehová esta cosa en el país”. 6 Por
consiguiente, Jehová hizo esta cosa al día siguiente, y empezó a morir toda
suerte de ganado de Egipto; pero no murió ni uno solo del ganado de los hijos
de Israel. 7 Entonces envió Faraón, y, ¡mire!, no había
muerto ni siquiera uno del ganado de Israel. No obstante, el corazón de Faraón
continuó insensible, y él no envió al pueblo. 8 Después
de eso Jehová dijo a Moisés y a Aarón: “Llévense ambas manos llenas de hollín
de un horno, y Moisés tiene que aventarlo hacia los cielos a la vista de
Faraón. 9 Y tiene que convertirse en polvo menudo sobre
toda la tierra de Egipto, y tiene que convertirse en diviesos que hagan
erupción en ampollas sobre hombre y bestia en toda la tierra de Egipto”. 10 De
modo que ellos tomaron el hollín de un horno y estuvieron de pie delante de
Faraón, y Moisés aventó [el hollín] hacia los cielos, y este se convirtió en
diviesos con ampollas, que les salieron a hombre y bestia. 11 Y
los sacerdotes practicantes de magia no pudieron estar de pie ante Moisés como
resultado de los diviesos, porque los diviesos se habían desarrollado en los
sacerdotes practicantes de magia y en todos los egipcios. 12 Pero
Jehová dejó que el corazón de Faraón se hiciera obstinado, y este no les
escuchó, tal como Jehová se lo había declarado a Moisés. 13 Entonces
Jehová dijo a Moisés: “Levántate muy de mañana y toma una posición enfrente de
Faraón, y tienes que decirle: ‘Esto es lo que ha dicho Jehová el Dios de los
hebreos: “Envía a mi pueblo para que me sirva. 14 Porque
en esta ocasión voy a enviar todos mis golpes contra tu corazón y sobre tus
siervos y sobre tu pueblo, a fin de que sepas que no hay ninguno como yo en
toda la tierra. 15 Porque ya podría haber alargado mi
mano para herirte a ti y a tu pueblo con peste y para que fueras raído de la
tierra. 16 Pero, en realidad, por esta causa te he
mantenido en existencia, a fin de mostrarte mi poder y para que mi nombre sea
declarado en toda la tierra. 17 ¿Todavía estás
portándote altivamente contra mi pueblo al no enviarlo? 18 ¡Mira!,
voy a hacer que llueva mañana como a esta hora una granizada muy fuerte, tal
como nunca ha sucedido una en Egipto desde el día en que se fundó hasta ahora. 19 Y
ahora envía, haz que se ponga al abrigo todo tu ganado y todo lo que es tuyo en
el campo. En cuanto a todo hombre y bestia que se halle en el campo y no
recogido en la casa, tendrá que venir sobre ellos el granizo, y tendrán que
morir”’”. 20 Cualquiera que temió la palabra de Jehová
entre los siervos de Faraón hizo que sus propios siervos y su ganado huyeran a
las casas, 21 pero todo el que no fijó su corazón en
hacer caso a la palabra de Jehová dejó a sus siervos y su ganado en el campo. 22 Ahora
Jehová dijo a Moisés: “Extiende tu mano hacia los cielos, para que venga granizo
sobre toda la tierra de Egipto, sobre hombre y sobre bestia y sobre toda la
vegetación del campo en la tierra de Egipto”. 23 De modo
que Moisés extendió su vara hacia los cielos; y Jehová dio truenos y granizo, y
fuego bajaba corriendo a la tierra, y Jehová siguió haciendo llover granizo
sobre la tierra de Egipto. 24 Así que vino granizo, y
fuego trémulo en medio del granizo. Fue muy fuerte, de modo que no había
ocurrido uno semejante en toda la tierra de Egipto desde el tiempo en que este
llegó a ser nación. 25 Y el granizo fue hiriendo toda la
tierra de Egipto. El granizo hirió todo lo que estaba en el campo, desde hombre
hasta bestia, y toda clase de vegetación del campo; y destrozó toda clase de
árboles del campo. 26 Solo en la tierra de Gosén, donde estaban
los hijos de Israel, no hubo granizo. 27 Con el tiempo
Faraón envió y llamó a Moisés y Aarón y les dijo: “He pecado esta vez. Jehová
es justo, y yo y mi pueblo tenemos la culpa. 28 Rueguen
a Jehová que baste con esto en cuanto a ocurrir truenos y granizo de Dios.
Entonces estoy dispuesto a enviarlos, y ya no se quedarán más”. 29 De
modo que le dijo Moisés: “Luego que salga de la ciudad extenderé las manos
hacia Jehová. Cesarán los truenos y no continuará más el granizo, para que
sepas que a Jehová pertenece la tierra. 30 En cuanto a
ti y tus siervos, yo ya sé que ni siquiera entonces mostrarán temor a causa de
Jehová Dios”. 31 Ahora bien, el lino y la cebada habían
sido heridos, porque la cebada estaba en la espiga y el lino tenía botones de
flor. 32 Pero el trigo y la espelta no habían sido
heridos, porque eran tardíos. 33 Moisés ahora salió de
la ciudad de donde Faraón y extendió las manos hacia Jehová, y empezaron a
cesar los truenos y el granizo, y la lluvia no descendió sobre la tierra. 34 Cuando
Faraón llegó a ver que la lluvia y el granizo y los truenos habían cesado, se
puso a pecar de nuevo y a hacer insensible su corazón, tanto él como sus
siervos. 35 Y continuó obstinado el corazón de Faraón, y
él no envió a los hijos de Israel, tal como había declarado Jehová por medio de
Moisés.
10 Entonces Jehová dijo a Moisés: “Entra a
donde Faraón, porque yo... yo he dejado que se hagan insensibles su corazón y
el corazón de sus siervos, a fin de poner estas señales mías justamente delante
de él, 2 y a fin de que declares a oídos de tu hijo y
del hijo de tu hijo cuán severamente he tratado con Egipto, y mis señales que
he establecido entre ellos; y ciertamente sabrán ustedes que yo soy Jehová”. 3 De
modo que Moisés y Aarón entraron a donde Faraón y le dijeron: “Esto es lo que
ha dicho Jehová el Dios de los hebreos: ‘¿Hasta cuándo tienes que rehusar
someterte a mí? Envía a mi pueblo para que me sirva. 4 Pues
si continúas rehusando enviar a mi pueblo, ¡mira!, voy a traer dentro de tus
límites, mañana, langostas. 5 Y estas realmente cubrirán
la superficie visible de la tierra y no será posible ver la tierra; y
simplemente se comerán lo restante de lo que ha escapado, lo que les fue dejado
a ustedes por el granizo, y ciertamente comerán del campo todo árbol de ustedes
que esté brotando. 6 Y
tus casas y las casas de todos tus siervos y las casas de todo Egipto se
llenarán a tal grado como no lo han visto tus padres ni los padres de tus
padres desde el día en que existieron sobre el suelo hasta el día de hoy’”. Con
eso, se volvió y salió de donde Faraón. 7 Después de eso
los siervos de Faraón le dijeron: “¿Hasta cuándo resultará este hombre como un
lazo para nosotros? Envía a los hombres para que sirvan a Jehová su Dios. ¿No
sabes todavía que Egipto ha perecido?”. 8 De modo que se
hizo que Moisés y Aarón volvieran a Faraón, y él les dijo: “Vayan, sirvan a
Jehová su Dios. ¿Quiénes en particular son los que van a ir?”. 9 Entonces
dijo Moisés: “Con nuestros jóvenes y con nuestros viejos iremos. Con nuestros
hijos y con nuestras hijas, con nuestras ovejas y con nuestro ganado vacuno
iremos, porque tenemos una fiesta para Jehová”. 10 A su
vez él les dijo: “¡Resulte así, que Jehová esté con ustedes cuando yo los envíe
a ustedes y a sus pequeñuelos! Miren, al contrario, algo malo es la intención
de ustedes. 11 ¡No sea así! Vayan, por favor, ustedes
los que son hombres físicamente capacitados, y sirvan a Jehová, porque eso es
lo que están tratando de conseguir”. Con eso fueron expulsados de delante de
Faraón. 12 Jehová ahora dijo a Moisés: “Extiende tu mano
sobre la tierra de Egipto para las langostas, para que suban sobre la tierra de
Egipto y se coman toda la vegetación de la tierra, todo lo que el granizo ha
dejado que quede”. 13 En seguida extendió Moisés su vara
sobre la tierra de Egipto, y Jehová hizo que un viento del este soplara sobre
el país todo aquel día y toda la noche. Llegó la mañana y el viento del este
trajo las langostas. 14 Y empezaron las langostas a
subir sobre toda la tierra de Egipto y a posarse sobre todo el territorio de
Egipto. Fueron sumamente gravosas. Antes de ellas nunca se habían presentado de
esta manera langostas semejantes, y nunca se presentarán otras de esta manera
después de ellas. 15 Y fueron cubriendo la superficie
visible de todo el país, y el país se oscureció; y siguieron comiéndose toda la
vegetación del país y todo el fruto de los árboles que el granizo había dejado;
y no quedó nada verde en los árboles ni en la vegetación del campo en toda la
tierra de Egipto. 16 De modo que Faraón,
apresuradamente, llamó a Moisés y Aarón y dijo: “He pecado contra Jehová su
Dios y contra ustedes. 17 Y ahora perdonen, por favor,
mi pecado sólo esta vez y rueguen a Jehová su Dios para que aparte de sobre mí
tan solo esta plaga mortífera”. 18 De modo que él salió
de donde Faraón y rogó a Jehová. 19 Entonces Jehová hizo
un cambio a un viento muy fuerte del oeste, y este se llevó las langostas y las
precipitó en el mar Rojo. No se dejó que quedara ni una sola langosta en todo
el territorio de Egipto. 20 No obstante, Jehová dejó que
el corazón de Faraón se hiciera obstinado, y él no envió a los hijos de Israel.
21 Entonces Jehová dijo a Moisés: “Extiende tu mano
hacia los cielos, para que ocurra oscuridad sobre la tierra de Egipto, y la
oscuridad pueda palparse”. 22 Inmediatamente extendió
Moisés su mano hacia los cielos, y empezó a acaecer una oscuridad tenebrosa en
toda la tierra de Egipto por tres días. 23 No se vieron
unos a otros, y ninguno de ellos se levantó de su propio lugar por tres días;
pero para todos los hijos de Israel resultó que hubo luz en sus moradas. 24 Después
de eso llamó Faraón a Moisés y dijo: “Vayan, sirvan a Jehová. Solo sus ovejas y
su ganado vacuno serán detenidos. Sus pequeñuelos también pueden ir con
ustedes”. 25 Pero dijo Moisés: “Tú mismo también darás
en nuestras manos sacrificios y ofrendas quemadas, puesto que tenemos que
ofrecerlos a Jehová nuestro Dios. 26 Y nuestro ganado
también irá con nosotros. No se dejará que quede ni una sola pezuña, porque de
ellos tomaremos algunos para adorar a Jehová nuestro Dios, y nosotros mismos no
sabemos qué ofreceremos en adoración a Jehová hasta que lleguemos allá”. 27 Con
eso, Jehová dejó que el corazón de Faraón se hiciera obstinado, y él no
consintió en enviarlos. 28 De modo que Faraón le dijo:
“¡Vete de mí! ¡Cuídate! No trates de volver a ver mi rostro, porque en el día
que veas mi rostro morirás”. 29 A lo cual dijo Moisés:
“De esa manera has hablado. Ya no trataré de ver tu rostro”.
11 Y Jehová procedió a decir a Moisés: “Una
plaga más voy a traer sobre Faraón y Egipto. Después de eso él los enviará de
aquí. Al tiempo que los envíe del todo, literalmente los expulsará de aquí. 2 Habla,
ahora, a oídos del pueblo, para que cada hombre pida a su compañero y cada
mujer a su compañera objetos de plata y objetos de oro”. 3 En
conformidad, Jehová dio al pueblo favor a los ojos de los egipcios. El hombre
Moisés también era muy grande en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos
de Faraón y a los ojos del pueblo. 4 Y Moisés pasó a
decir: “Esto es lo que ha dicho Jehová: ‘Como a la medianoche voy a salir en
medio de Egipto, 5 y tiene que morir todo primogénito en
la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que está sentado sobre su
trono hasta el primogénito de la sierva que está junto al molino de mano, y
todo primogénito de bestia. 6 Y ciertamente ocurrirá un
gran alarido en toda la tierra de Egipto, como el cual nunca ha ocurrido uno
todavía, y como el cual nunca volverá a efectuarse uno. 7 Pero
contra cualquiera de los hijos de Israel no moverá agitadamente ningún perro su
lengua, desde hombre hasta bestia; a fin de que sepan ustedes que Jehová puede
hacer distinción entre los egipcios y los hijos de Israel’. 8 Y
todos estos siervos tuyos ciertamente descenderán a mí y se postrarán delante
de mí, diciendo: ‘Vete, tú y todo el pueblo que sigue tus pasos’. Y después de
eso yo saldré”. Con eso, salió de donde Faraón en ardor de cólera. 9 Entonces
Jehová dijo a Moisés: “No les escuchará Faraón, a fin de que sean aumentados
mis milagros en la tierra de Egipto”. 10 Y Moisés y
Aarón ejecutaron todos estos milagros delante de Faraón; pero Jehová dejaba que
el corazón de Faraón se hiciera obstinado, de modo que él no envió a los hijos
de Israel de su tierra.
12 Ahora Jehová dijo a Moisés y Aarón en la
tierra de Egipto: 2 “Este mes será para ustedes el
comienzo de los meses. Será para ustedes el primero de los meses del año. 3 Hablen
a toda la asamblea de Israel, y digan: ‘El día diez de este mes han de tomar
para sí cada cual una oveja para la casa ancestral, una oveja por casa. 4 Pero
si la familia resulta demasiado pequeña para la oveja, entonces él y su vecino
próximo tienen que llevarla a su casa, según el número de almas; deben computar
a cada uno en proporción con lo que come, en lo que toca a la oveja. 5 La
oveja debe resultar sana, macho, de un año de edad, para ustedes. Pueden
escoger de los carneros jóvenes o de las cabras. 6 Y
tiene que continuar bajo salvaguardia de parte de ustedes hasta el día catorce
de este mes, y toda la congregación de la asamblea de Israel tiene que
degollarlo entre las dos tardes. 7 Y ellos tienen que
tomar parte de la sangre y salpicarla sobre las dos jambas de la puerta y sobre
la parte superior de la entrada de las casas en las cuales lo comerán. 8 ”’Y
tienen que comer la carne esa misma noche. Deben comerla asada al fuego y con
tortas no fermentadas junto con verduras amargas. 9 No
coman nada de él crudo ni hervido, cocido en agua, sino asado al fuego, su
cabeza junto con sus canillas y sus partes interiores. 10 Y
no deben dejar que nada de él quede hasta la mañana, sino que lo que de él
sobre hasta la mañana lo deben quemar con fuego. 11 Y de
esta manera deben comerlo: teniendo ustedes ceñidas las caderas, sandalias en
sus pies y su bastón en la mano; y tienen que comerlo apresuradamente. Es la
pascua de Jehová. 12 Y tengo que pasar por la tierra de
Egipto esta noche y herir a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde
hombre hasta bestia; y en todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios. Yo soy
Jehová. 13 Y la sangre tiene que servirles de señal suya
sobre las casas donde estén; y tengo que ver la sangre y pasarlos por alto, y
no vendrá sobre ustedes la plaga como arruinamiento cuando hiera yo a la tierra
de Egipto. 14 ”’Y este día tiene que servirles de
memoria, y tienen que celebrarlo como fiesta a Jehová durante todas sus
generaciones. Como estatuto hasta tiempo indefinido deben celebrarlo. 15 Siete
días han de comer tortas no fermentadas. Sí, en el primer día han de quitar la
masa fermentada de sus casas, porque el que coma lo leudado, desde el primer
día hasta el séptimo, esa alma tiene que ser cortada de Israel. 16 Y
el primer día ha de efectuarse para ustedes una convocación santa, y el día
séptimo una convocación santa. No ha de hacerse ningún trabajo en ellos. Solo
lo que cada alma necesite comer, solo eso puede hacerse para ustedes. 17 ”’Y
tienen que guardar la fiesta de las tortas no fermentadas, porque en este mismo
día tengo que sacar de la tierra de Egipto a los ejércitos de ustedes. Y tienen
que guardar este día durante todas sus generaciones como estatuto hasta tiempo
indefinido. 18 En el primer mes, el día catorce del mes,
por la tarde han de comer tortas no fermentadas hasta la tarde del día
veintiuno del mes. 19 Por siete días no ha de hallarse
masa fermentada en sus casas, porque cualquiera que guste lo leudado, sea
residente forastero o natural del país, esa alma tiene que ser cortada de la
asamblea de Israel. 20 Nada leudado han de comer
ustedes. En todas sus moradas han de comer tortas no fermentadas’”. 21 En
seguida llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: “Saquen y tomen
para ustedes mismos ganado menor según sus familias, y degüellen la víctima
pascual. 22 Y tienen que tomar un manojo de hisopo y
mojarlo en la sangre en una fuente y golpear la parte superior de la entrada y
las dos jambas de la puerta con parte de la sangre que está en la fuente; y
ninguno de ustedes debe salir de la entrada de su casa hasta la mañana. 23 Entonces,
cuando Jehová de veras pase para plagar a los egipcios y de seguro vea la
sangre sobre la parte superior de la entrada y sobre las dos jambas de la
puerta, Jehová ciertamente pasará por alto la entrada, y no permitirá que el
arruinamiento entre en las casas de ustedes para plagarlos. 24 ”Y
ustedes tienen que guardar esta observancia como disposición reglamentaria para
ti y tus hijos hasta tiempo indefinido. 25 Y tiene que
suceder que cuando entren en la tierra que Jehová les dará, tal como él lo ha
declarado, entonces tienen que guardar este servicio. 26 Y
tiene que suceder que cuando sus hijos les digan: ‘¿Qué significa este servicio
para ustedes?’, 27 entonces tienen que decir: ‘Es el
sacrificio de la pascua a Jehová, que pasó por alto las casas de los hijos de
Israel en Egipto cuando plagó a los egipcios, pero libró nuestras casas’”.
Entonces el pueblo se inclinó y se postró. 28 Posteriormente,
los hijos de Israel fueron e hicieron tal como Jehová había mandado a Moisés y
Aarón. Hicieron precisamente así. 29 Y sucedió que a
medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el
primogénito de Faraón sentado sobre su trono hasta el primogénito del cautivo
que estaba en el hoyo carcelario, y todo primogénito de bestia. 30 Entonces
se levantó Faraón de noche, él y todos sus siervos y todos los [demás]
egipcios; y empezó a alzarse un gran alarido entre los egipcios, porque no
había casa en que no hubiera un muerto. 31 En seguida él
llamó a Moisés y Aarón de noche y dijo: “Levántense, salgan de en medio de mi
pueblo, tanto ustedes como los [demás] hijos de Israel, y vayan, sirvan a
Jehová, tal como han declarado. 32 Llévense sus rebaños
así como también sus vacadas, tal como han declarado, y váyanse. También,
tienen que bendecirme además”. 33 Y los egipcios
empezaron a instar al pueblo para enviarlo apresuradamente fuera del país,
“porque —decían— ¡todos podemos darnos por muertos!”. 34 Por
consiguiente, el pueblo cargó su masa de harina antes que se leudara, con sus
artesas envueltas en sus mantos sobre su hombro. 35 Y
los hijos de Israel hicieron conforme a la palabra de Moisés, por cuanto fueron
pidiendo a los egipcios objetos de plata y objetos de oro y mantos. 36 Y
Jehová dio favor al pueblo a los ojos de los egipcios, de modo que estos les
concedieron lo que se pidió; y ellos despojaron a los egipcios. 37 Y
los hijos de Israel procedieron a partir de Ramesés para Sucot, en número de
seiscientos mil hombres físicamente capacitados a pie, además de pequeñuelos. 38 Y
también subió con ellos una vasta compañía mixta, así como también rebaños y
vacadas, un numerosísimo conjunto de animales. 39 Y de
la masa de harina que habían sacado de Egipto empezaron a cocer tortas
redondas, tortas no fermentadas, porque no se había leudado, por cuanto habían
sido expulsados de Egipto y no habían podido demorarse, y además no habían
preparado para sí provisiones. 40 Y la morada de los
hijos de Israel, que habían morado en Egipto, fue de cuatrocientos treinta
años. 41 Y aconteció al cabo de los cuatrocientos
treinta años, sí, aconteció en este mismo día, que todos los ejércitos de
Jehová salieron de la tierra de Egipto. 42 Es noche de
observancia con respecto a Jehová por haberlos sacado de la tierra de Egipto.
Con respecto a Jehová, esta noche es una de observancia de parte de todos los
hijos de Israel durante todas sus generaciones. 43 Y
pasó Jehová a decir a Moisés y Aarón: “Este es el estatuto de la pascua: Ningún
extranjero puede comer de ella. 44 Pero donde haya un
esclavo comprado con dinero, tienes que circuncidarlo. Entonces por primera vez
puede participar en comerla. 45 El poblador y el
trabajador asalariado no pueden comer de ella. 46 En una
misma casa ha de comerse. No debes sacar de la casa nada de la carne a algún
lugar afuera. Y no deben quebrarle hueso alguno. 47 Toda
la asamblea de Israel ha de celebrarla. 48 Y en caso de
que un residente forastero resida contigo como forastero y realmente quiera
celebrar la pascua a Jehová, que haya un circuncidar de todo varón suyo.
Entonces por primera vez podrá acercarse para celebrarla; y tiene que llegar a
ser como un natural del país. Pero ningún incircunciso podrá comer de ella. 49 Una
sola ley ha de existir para el natural y para el residente forastero que reside
como forastero en medio de ustedes”. 50 De modo que
todos los hijos de Israel hicieron tal como Jehová había mandado a Moisés y
Aarón. Hicieron precisamente así. 51 Y en aquel mismo
día sucedió que Jehová sacó de la tierra de Egipto a los hijos de Israel junto
con sus ejércitos.
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