lunes, 8 de abril de 2013

Lectura de la Biblia abril 8 de 2013




(Éxodo 1:1-4:31) Ahora bien, estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada hombre y su casa vinieron: 2 Rubén, Simeón, Leví y Judá, 3 Isacar, Zabulón y Benjamín, 4 Dan y Neftalí, Gad y Aser. 5 Y todas las almas que procedieron de la parte superior del muslo de Jacob llegaron a ser setenta almas, pero José estaba ya en Egipto. 6 Con el tiempo murió José, y también todos sus hermanos y toda aquella generación. 7 Y los hijos de Israel se hicieron fructíferos y empezaron a pulular; y siguieron multiplicándose y haciéndose más poderosos a muy extraordinaria proporción, de modo que el país llegó a estar lleno de ellos. 8 Con el tiempo se levantó sobre Egipto un rey nuevo que no conocía a José. 9 Y procedió a decir a su pueblo: “¡Miren! El pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y poderoso que nosotros. 10 ¡Vamos! Tratemos astutamente con ellos, por temor de que se multipliquen, y tenga que resultar que, en caso de que nos sobrevenga una guerra, entonces ellos ciertamente también se agreguen a los que nos odian y peleen contra nosotros y suban y se vayan del país”. 11 De modo que pusieron sobre ellos jefes de trabajos forzados con el propósito de oprimirlos mientras llevaban sus cargas; y ellos estuvieron edificando ciudades como lugares de depósito para Faraón, a saber, a Pitom y Raamsés. 12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y tanto más seguían extendiéndose, de modo que [los egipcios] sintieron un pavor morboso como resultado de los hijos de Israel. 13 Por consiguiente, los egipcios hicieron trabajar a los hijos de Israel como esclavos bajo tiranía. 14 Y siguieron amargándoles la vida con dura esclavitud en [trabajos de] argamasa de barro y ladrillos y con toda forma de esclavitud en el campo, sí, toda forma de esclavitud suya en la cual los usaban como esclavos bajo tiranía. 15 Más tarde el rey de Egipto dijo a las parteras hebreas —el nombre de una de las cuales era Sifrá y el nombre de la otra Puá—, 16 sí, llegó al extremo de decir: “Cuando ayuden a las hebreas a dar a luz y de veras las vean en el asiento para partos, si es hijo, entonces tienen que darle muerte; pero si es hija, entonces tiene que vivir”. 17 Sin embargo, las parteras temían al Dios [verdadero], y no hacían como les había hablado el rey de Egipto, sino que conservaban vivos a los varoncitos. 18 Con el tiempo el rey de Egipto llamó a las parteras y les dijo: “¿Por qué han hecho esta cosa, de haber conservado vivos a los niños varones?”. 19 A su vez las parteras dijeron a Faraón: “Porque las hebreas no son como las mujeres egipcias. Por cuanto son vigorosas, ya han dado a luz antes que la partera pueda entrar a donde ellas”. 20 Por eso Dios trató bien a las parteras; y el pueblo siguió haciéndose más numeroso y llegando a ser muy poderoso. 21 Y aconteció que, porque las parteras habían temido al Dios [verdadero], más tarde él les concedió familias. 22 Por fin Faraón dio orden a todo su pueblo, diciendo: “Todo hijo recién nacido lo han de arrojar al río Nilo, pero a toda hija la han de conservar viva”. 
2 Entretanto, cierto hombre de la casa de Leví fue y tomó a una hija de Leví. 2 Y la mujer quedó encinta y dio a luz un hijo. Cuando ella vio lo bien parecido que este era, lo tuvo oculto por espacio de tres meses lunares. 3 Cuando ya no pudo ocultarlo, entonces tomó para él un arca de papiro y le dio una mano de betún y pez, y puso en ella al niño, y la puso entre las cañas, junto a la margen del río Nilo. 4 Además, la hermana de él se apostó a cierta distancia para averiguar qué se haría con él. 5 Después de un rato la hija de Faraón bajó para bañarse en el río Nilo, y sus criadas de compañía iban andando por el lado del río Nilo. Y ella alcanzó a ver el arca en medio de las cañas. En seguida envió a su esclava para que la consiguiera. 6 Cuando la abrió, pudo ver al niño, y resultó que el muchachito estaba llorando. Ante esto, ella tuvo compasión de él, aunque dijo: “Este es uno de los niños de los hebreos”. 7 Entonces la hermana de él dijo a la hija de Faraón: “¿Quieres que vaya y que especialmente te llame una nodriza de entre las hebreas para que te críe al niño?”. 8 De modo que la hija de Faraón le dijo: “¡Ve!”. Al instante, la doncella se fue y llamó a la madre del niño. 9 Entonces la hija de Faraón dijo a esta: “Llévate a este niño y críamelo, y yo misma te daré tu salario”. Por consiguiente, la mujer se llevó al niño y lo crió. 10 Y creció el niño. Entonces ella lo trajo a la hija de Faraón, de modo que él vino a ser para esta un hijo; y esta procedió a ponerle por nombre Moisés, y a decir: “Es porque lo he sacado del agua”. 11 Ahora bien, en aquellos días aconteció que, al ir fortaleciéndose Moisés, salió a donde sus hermanos para mirar las cargas que llevaban; y alcanzó a ver a cierto egipcio golpeando a cierto hebreo de sus hermanos. 12 Así que se volvió para acá y para allá y vio que no había nadie a la vista. Entonces derribó al egipcio y lo escondió en la arena. 13 Sin embargo, salió al día siguiente y sucedió que había dos hombres hebreos luchando el uno con el otro. De modo que dijo al que tenía la culpa: “¿Por qué deberías golpear a tu compañero?”. 14 A lo que él dijo: “¿Quién te nombró a ti príncipe y juez sobre nosotros? ¿Tienes pensado matarme tal como mataste al egipcio?”. Ahora a Moisés le dio miedo, y dijo: “¡De seguro ha llegado a conocerse el asunto!”. 15 Posteriormente Faraón llegó a oír de este asunto, y trató de matar a Moisés; pero Moisés huyó de Faraón para morar en la tierra de Madián; y se sentó junto a un pozo. 16 Ahora bien, el sacerdote de Madián tenía siete hijas, y estas vinieron como de costumbre y sacaron agua y llenaron los canales para abrevar el rebaño de su padre. 17 Y como de costumbre vinieron los pastores y las echaron de allí. Ante esto, se levantó Moisés y ayudó a las mujeres y les abrevó su rebaño. 18 Por eso, cuando ellas llegaron a casa, a Reuel su padre, él exclamó: “¿Por qué han venido a casa tan pronto hoy?”. 19 A lo cual ellas dijeron: “Cierto egipcio nos libró de la mano de los pastores y, además, hasta nos sacó agua para él abrevar el rebaño”. 20 Entonces él dijo a sus hijas: “¿Pero dónde está? ¿Por qué han dejado allá al hombre? Llámenlo, para que coma pan”. 21 Después de aquello Moisés se mostró dispuesto a morar con el hombre, y él dio a Ziporá su hija a Moisés. 22 Más tarde ella dio a luz un hijo, y él le puso por nombre Guersom, porque dijo: “Residente forastero he llegado a ser en tierra extranjera”. 23 Y durante aquellos muchos días aconteció que por fin murió el rey de Egipto, pero los hijos de Israel continuaron suspirando a causa de la esclavitud y clamando en son de queja, y su clamor por ayuda siguió subiendo al Dios [verdadero] a causa de la esclavitud. 24 Con el tiempo Dios oyó su gemido, y se acordó Dios de su pacto con Abrahán, Isaac y Jacob. 25 De modo que Dios miró a los hijos de Israel y Dios se dio por avisado. 
3 Y Moisés llegó a ser pastor del rebaño de Jetró, el sacerdote de Madián, de quien era yerno. Mientras arreaba el rebaño al lado occidental del desierto, llegó por fin a la montaña del Dios [verdadero], a Horeb. 2 Entonces se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza. Mientras él seguía mirando, pues, he aquí que la zarza ardía con el fuego y, no obstante, la zarza no se consumía. 3 Ante esto, Moisés dijo: “Solo voy a desviarme para inspeccionar este gran fenómeno, en cuanto a por qué no se quema la zarza”. 4 Cuando Jehová vio que él se desviaba para inspeccionar, en seguida Dios lo llamó de en medio de la zarza y dijo: “¡Moisés!, ¡Moisés!”, a lo cual él dijo: “Aquí estoy”. 5 Entonces él dijo: “No te acerques acá. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás de pie es suelo santo”. 6 Y siguió diciendo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Entonces Moisés ocultó su rostro, porque temía mirar al Dios [verdadero]. 7 Y Jehová añadió: “Indisputablemente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído el clamor de ellos a causa de los que los obligan a trabajar; porque conozco bien los dolores que sufren. 8 Y estoy procediendo a bajar para librarlos de la mano de los egipcios y para hacerlos subir de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, a la localidad de los cananeos y los hititas y los amorreos y los perizitas y los heveos y los jebuseos. 9 Y ahora, ¡mira!, el clamor de los hijos de Israel ha llegado a mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los están oprimiendo. 10 Y ahora ven y déjame enviarte a Faraón, y saca tú de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”. 11 Sin embargo, Moisés dijo al Dios [verdadero]: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón y para que tenga que sacar a los hijos de Israel de Egipto?”. 12 A lo cual él dijo: “Porque yo resultaré estar contigo, y esta es la señal para ti de que soy yo quien te ha enviado: Después que hayas sacado de Egipto al pueblo, ustedes servirán al Dios [verdadero] sobre esta montaña”. 13 Sin embargo, Moisés dijo al Dios [verdadero]: “Supongamos que llego ahora a los hijos de Israel y de hecho les digo: ‘El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes’, y ellos de hecho me dicen: ‘¿Cuál es su nombre?’. ¿Qué les diré?”. 14 Ante esto, Dios dijo a Moisés: “YO RESULTARÉ SER LO QUE RESULTARÉ SER”. Y añadió: “Esto es lo que has de decir a los hijos de Israel: ‘YO RESULTARÉ SER me ha enviado a ustedes’”. 15 Entonces Dios dijo otra vez a Moisés: “Esto es lo que habrás de decir a los hijos de Israel: ‘Jehová el Dios de sus antepasados, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes’. Este es mi nombre hasta tiempo indefinido, y este es la memoria de mí a generación tras generación. 16 Ve tú, y tienes que reunir a los ancianos de Israel, y tienes que decirles: ‘Jehová el Dios de sus antepasados se me ha aparecido, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, y ha dicho: “Yo sin falta ciertamente les daré atención a ustedes y a lo que se les está haciendo en Egipto. 17 Y por eso digo: Los haré subir de la aflicción de los egipcios a la tierra de los cananeos y de los hititas y de los amorreos y de los perizitas y de los heveos y de los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel”’. 18 ”Y ellos ciertamente escucharán tu voz, y tienes que ir, tú y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y tienen que decirle: ‘Jehová el Dios de los hebreos se ha puesto en comunicación con nosotros, y ahora queremos ir, por favor, camino de tres días al desierto, y queremos hacer sacrificios a Jehová nuestro Dios’. 19 Y yo, sí, yo bien sé que el rey de Egipto no les dará permiso para ir, salvo por una mano fuerte. 20 Y yo tendré que extender mi mano y herir a Egipto con todas mis maravillosas obras que haré en medio de él; y después de eso él los enviará. 21 Y ciertamente daré a este pueblo favor a los ojos de los egipcios; y ciertamente ocurrirá que, cuando ustedes se vayan, no se irán con las manos vacías. 22 Y cada mujer tendrá que pedir a su vecina y a la mujer que reside como forastera en su casa objetos de plata y objetos de oro y mantos, y tienen que ponerlos sobre sus hijos y sus hijas; y tienen que despojar a los egipcios”. 
4 Sin embargo, al contestar, Moisés dijo: “Pero supongamos que no me crean y no escuchen mi voz, porque van a decir: ‘No se te apareció Jehová’”. 2 Entonces le dijo Jehová: “¿Qué tienes en la mano?”, a lo cual él dijo: “Una vara”. 3 En seguida dijo: “Arrójala a tierra”. De modo que él la arrojó a tierra, y esta se convirtió en una serpiente; y Moisés empezó a huir de ella. 4 Jehová ahora dijo a Moisés: “Alarga la mano y agárrala por la cola”. De modo que él alargó la mano y la agarró, y esta se convirtió en una vara en la palma de su mano. 5 “Para que —según dijo él— crean que se te ha aparecido Jehová el Dios de sus antepasados, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.” 6 Entonces Jehová le dijo otra vez: “Mete tu mano, por favor, en el pliegue superior de tu prenda de vestir”. De modo que él metió la mano en el pliegue superior de su prenda de vestir. Cuando la sacó, pues, ¡resultó que su mano estaba herida de lepra como la nieve! 7 Después de eso [Dios] dijo: “Vuelve tu mano al pliegue superior de tu prenda de vestir”. De modo que él volvió la mano al pliegue superior de su prenda de vestir. Cuando la sacó del pliegue superior de su prenda de vestir, pues, ¡resultó que estaba restaurada como el resto de su carne! 8 “Y tiene que suceder —según dijo él— que si no quieren creerte y no quieren escuchar la voz de la primera señal, entonces ciertamente creerán la voz de la señal posterior. 9 Sin embargo, tiene que suceder que, si no quieren creer ni aun a estas dos señales y no quieren escuchar tu voz, entonces tendrás que tomar agua del río Nilo y derramarla en tierra seca; y el agua que tomes del río Nilo ciertamente se convertirá, sí, realmente se convertirá en sangre sobre la tierra seca.” 10 Entonces Moisés dijo a Jehová: “Dispénsame, Jehová, pero no soy persona que hable con fluidez, ni desde ayer ni desde antes de eso ni desde que hablaste con tu siervo, porque soy lento de boca y lento de lengua”. 11 Ante esto, Jehová le dijo: “¿Quién asignó boca al hombre o quién asigna al mudo o al sordo o al de vista perspicaz o al ciego? ¿No soy yo, Jehová? 12 Ahora pues, ve, y yo mismo resultaré estar con tu boca y ciertamente te enseñaré lo que debes decir”. 13 Pero él dijo: “Dispénsame, Jehová, pero envía, por favor, por la mano de aquel a quien vas a enviar”. 14 Entonces la cólera de Jehová se enardeció contra Moisés, y él dijo: “¿No es hermano tuyo Aarón el levita? Sé con certeza que él sí puede hablar. Y, además, mira que ha salido a tu encuentro. Cuando verdaderamente te vea, ciertamente se regocijará en su corazón. 15 Y tienes que hablarle y poner las palabras en su boca; y yo mismo resultaré estar con tu boca y con su boca, y yo realmente les enseñaré lo que han de hacer. 16 Y él tiene que hablar por ti al pueblo; y tiene que suceder que él te servirá de boca, y tú le servirás de Dios. 17 Y esta vara la tomarás en tu mano para que ejecutes con ella las señales”. 18 Por consiguiente, se fue Moisés y volvió a Jetró su suegro y le dijo: “Quiero irme, por favor, y volver a mis hermanos, que están en Egipto, para ver si todavía viven”. De modo que Jetró dijo a Moisés: “Vete en paz”. 19 Después de eso Jehová dijo a Moisés en Madián: “Ve, vuelve a Egipto, porque han muerto todos los hombres que buscaban tu alma”. 20 Entonces Moisés tomó a su esposa y a sus hijos y los hizo cabalgar sobre un asno, y procedió a volver a la tierra de Egipto. Además, Moisés tomó la vara del Dios [verdadero] en su mano. 21 Y Jehová pasó a decir a Moisés: “Después que te hayas ido y hayas vuelto a Egipto, ve que ustedes realmente ejecuten delante de Faraón todos los milagros que he puesto en tu mano. En cuanto a mí, yo dejaré que a él se le haga obstinado el corazón; y él no enviará al pueblo. 22 Y tendrás que decir a Faraón: ‘Esto es lo que ha dicho Jehová: “Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Y yo te digo: Envía a mi hijo para que me sirva. Pero si rehúsas enviarlo, ¡mira!, voy a matar a tu hijo, a tu primogénito”’”. 24 Ahora bien, aconteció en el camino, en el lugar de alojamiento, que Jehová consiguió encontrarse con él y siguió buscando la manera de darle muerte. 25 Por fin Ziporá tomó un pedernal y le cortó el prepucio a su hijo e hizo que este tocara los pies de él y dijo: “Es porque eres novio de sangre para mí”. 26 En consecuencia, él lo soltó. En ese tiempo ella dijo: “Novio de sangre”, por motivo de la circuncisión. 27 Entonces Jehová dijo a Aarón: “Sal al encuentro de Moisés en el desierto”. Con eso, él se fue y se encontró con él en la montaña del Dios [verdadero], y lo besó. 28 Y se puso Moisés a referir a Aarón todas las palabras de Jehová, que lo había enviado, y todas las señales que le había mandado hacer. 29 Después de eso Moisés y Aarón se fueron y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. 30 Entonces Aarón habló todas las palabras que Jehová había hablado a Moisés, y él ejecutó las señales a los ojos del pueblo. 31 Con eso el pueblo creyó. Al oír que Jehová había dirigido su atención a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, entonces se inclinaron y se postraron.

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