lunes, 29 de abril de 2013

Lectura de la Biblia abril 29 de 2013


(Éxodo 13:1-16:36) Y Jehová habló adicionalmente a Moisés, y dijo: 2 “Santifícame todo primogénito varón que abre cada matriz entre los hijos de Israel, entre hombres y bestias. Es mío”. 3 Y Moisés pasó a decir al pueblo: “Que haya un recordar este día en que salieron ustedes de Egipto, de la casa de esclavos, porque por fuerza de mano los sacó Jehová de aquí. De modo que no puede comerse nada leudado. 4 Hoy van a salir en el mes de Abib. 5 Y tiene que suceder que cuando Jehová te haya introducido en la tierra de los cananeos y de los hititas y de los amorreos y de los heveos y de los jebuseos, la cual juró a tus antepasados darte, tierra que mana leche y miel, entonces tienes que prestar este servicio en este mes. 6 Siete días has de comer tortas no fermentadas, y el séptimo día es fiesta a Jehová. 7 Han de comerse tortas no fermentadas por los siete días; y no ha de verse contigo nada leudado, y no ha de verse contigo masa fermentada dentro de todos tus límites. 8 Y tienes que informar a tu hijo en aquel día, diciendo: ‘Es a causa de aquello que Jehová hizo por mí cuando salí de Egipto’. 9 Y tiene que servirte de señal sobre tu mano y de memoria entre tus ojos, para que la ley de Jehová resulte estar en tu boca; porque por mano fuerte te sacó Jehová de Egipto. 10 Y tienes que guardar este estatuto en su tiempo señalado de año en año. 11 ”Y tiene que suceder que cuando Jehová te introduzca en la tierra de los cananeos, tal como les ha jurado a ti y a tus antepasados, y cuando de veras te la dé, 12 entonces tienes que dar por entero a Jehová todo el que abre la matriz, y todo primer parto, la cría de la bestia, que llegue a ser tuyo. Los machos pertenecen a Jehová. 13 Y todo primer parto de asno lo has de redimir con una oveja, y si no quieres redimirlo, entonces tienes que quebrarle la cerviz. Y todo primogénito de hombre entre tus hijos, lo has de redimir. 14 ”Y tiene que suceder que en caso de que tu hijo te pregunte más tarde, diciendo: ‘¿Qué significa esto?’, entonces tienes que decirle: ‘Por fuerza de mano nos sacó Jehová de Egipto, de la casa de esclavos. 15 Y aconteció que Faraón mostró obstinación en cuanto a enviarnos, y Jehová procedió a matar a todo primogénito de la tierra de Egipto, desde el primogénito de hombre hasta el primogénito de bestia. Por eso voy a sacrificar a Jehová todos los machos que abren la matriz, y a todo primogénito de mis hijos redimo’. 16 Y tiene que servir de señal sobre tu mano y de venda frontal entre tus ojos, porque por fuerza de mano nos sacó Jehová de Egipto”. 17 Y aconteció, al tiempo en que Faraón envió al pueblo, que Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos simplemente porque estaba cerca, porque dijo Dios: “Puede ser que el pueblo sienta pesar al ver guerra y ciertamente se vuelva a Egipto”. 18 Por lo tanto, Dios hizo que el pueblo rodeara por el camino del desierto del mar Rojo. Pero fue en orden de batalla como subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 19 Y Moisés llevaba consigo los huesos de José, porque este había hecho jurar solemnemente a los hijos de Israel, diciendo: “Dios sin falta dirigirá su atención a ustedes, y tienen que llevar mis huesos de aquí con ustedes”. 20 Y procedieron a partir de Sucot y a acampar en Ezam en la orilla del desierto. 21 Y Jehová iba delante de ellos durante el día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y durante la noche en una columna de fuego para darles luz, para ir de día y de noche. 22 La columna de nube no se alejaba de delante del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche. 
14 Jehová ahora habló a Moisés, diciendo: 2 “Habla a los hijos de Israel, que se vuelvan y acampen delante de Pihahirot, entre Migdol y el mar, a vista de Baal-zefón. Frente a él han de acampar junto al mar. 3 Entonces ciertamente dirá Faraón respecto a los hijos de Israel: ‘Andan errantes en confusión en la tierra. El desierto los tiene encerrados’. 4 De modo que yo realmente dejaré que se haga obstinado el corazón de Faraón, y él ciertamente correrá tras ellos, y yo me conseguiré gloria por medio de Faraón y de todas sus fuerzas militares; y los egipcios ciertamente sabrán que yo soy Jehová”. Por consiguiente, ellos hicieron precisamente aquello. 5 Más tarde, al rey de Egipto se dio informe de que el pueblo había huido. Inmediatamente se mudó el corazón de Faraón, y también el de sus siervos, respecto al pueblo, de modo que dijeron: “¿Qué es esto que hemos hecho, de haber enviado a Israel de servirnos como esclavo?”. 6 De modo que él procedió a alistar sus carros de guerra, y tomó consigo a su pueblo. 7 Y procedió a tomar seiscientos carros escogidos y todos los demás carros de Egipto, y guerreros sobre cada uno de ellos. 8 Así dejó Jehová que se hiciera obstinado el corazón de Faraón, el rey de Egipto, y este se fue corriendo tras los hijos de Israel, mientras los hijos de Israel iban saliendo con mano alzada. 9 Y los egipcios se fueron corriendo tras ellos, y todos los caballos de los carros de Faraón y sus soldados de caballería y sus fuerzas militares iban alcanzándolos mientras estaban acampados junto al mar, junto a Pihahirot, a vista de Baal-zefón. 10 Cuando Faraón logró acercarse, los hijos de Israel empezaron a alzar los ojos, y aquí venían los egipcios marchando tras ellos; y a los hijos de Israel les dio mucho miedo, y empezaron a clamar a Jehová. 11 Y se pusieron a decir a Moisés: “¿Es porque no hay absolutamente ninguna sepultura en Egipto por lo que nos has traído acá a morir en el desierto? ¿Qué es esto que nos has hecho, al habernos sacado de Egipto? 12 ¿No es esta la palabra que te hablamos en Egipto, diciendo: ‘Déjanos, para que sirvamos a los egipcios’? Porque nos es mejor servir a los egipcios que morir en el desierto”. 13 Entonces Moisés dijo al pueblo: “No tengan miedo. Estén firmes y vean la salvación de Jehová, que él ejecutará para ustedes hoy. Pues a los egipcios que ustedes realmente ven hoy, no los volverán a ver, no, nunca jamás. 14 Jehová mismo peleará por ustedes, y ustedes mismos guardarán silencio”. 15 Jehová ahora dijo a Moisés: “¿Por qué sigues clamando a mí? Habla a los hijos de Israel para que levanten el campamento. 16 En cuanto a ti, alza tu vara y extiende tu mano sobre el mar y pártelo, para que los hijos de Israel vayan por en medio del mar en tierra seca. 17 En cuanto a mí, ¡mira!, voy a dejar que se haga obstinado el corazón de los egipcios, para que entren tras ellos y para que yo me consiga gloria por medio de Faraón y todas sus fuerzas militares, sus carros de guerra y sus soldados de caballería. 18 Y los egipcios ciertamente sabrán que yo soy Jehová cuando me consiga gloria por medio de Faraón, sus carros de guerra y sus soldados de caballería”. 19 Entonces el ángel del Dios [verdadero] que iba delante del campamento de Israel partió y se puso detrás de ellos, y la columna de nube partió de la vanguardia de ellos y se situó detrás de ellos. 20 De manera que se introdujo entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. Por una parte resultaba ser una nube junto con oscuridad. Por otra parte seguía alumbrando la noche. Y este grupo no se acercó a aquel grupo durante toda la noche. 21 Moisés ahora extendió su mano sobre el mar; y Jehová empezó a hacer que el mar se retirara por un fuerte viento del este durante toda la noche, y que la cuenca del mar se convirtiera en suelo seco, y se iba efectuando una partición de las aguas. 22 Por fin los hijos de Israel fueron por en medio del mar sobre tierra seca, mientras las aguas eran un muro para ellos a su derecha y a su izquierda. 23 Y los egipcios emprendieron la persecución, y todos los caballos de Faraón, sus carros de guerra y sus soldados de caballería empezaron a entrar tras ellos, en medio del mar. 24 Y durante la vigilia matutina aconteció que Jehová empezó a mirar hacia el campamento de los egipcios desde dentro de la columna de fuego y nube, y empezó a poner en confusión el campamento de los egipcios. 25 Y siguió quitándoles ruedas a sus carros, de modo que los conducían con dificultad; y los egipcios empezaron a decir: “Huyamos de todo contacto con Israel, porque Jehová ciertamente pelea por ellos contra los egipcios”. 26 Por fin Jehová dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan sobre los egipcios, sus carros de guerra y sus soldados de caballería”. 27 En seguida extendió Moisés su mano sobre el mar, y el mar empezó a volver a su estado normal al amanecer. Mientras tanto los egipcios huían para no encontrarse con él, pero Jehová sacudió a los egipcios, echándolos en medio del mar. 28 Y las aguas siguieron regresando. Finalmente cubrieron los carros de guerra y a los soldados de caballería que pertenecían a todas las fuerzas militares de Faraón y que habían entrado en el mar tras ellos. No se dejó que quedara ni siquiera uno solo de entre ellos. 29 En cuanto a los hijos de Israel, anduvieron en tierra seca en medio del lecho del mar, y las aguas fueron para ellos un muro a su derecha y a su izquierda. 30 Así salvó Jehová en aquel día a Israel de mano de los egipcios, e Israel alcanzó a ver a los egipcios muertos en la orilla del mar. 31 Israel también alcanzó a ver la gran mano que Jehová puso en acción contra los egipcios; y el pueblo empezó a temer a Jehová y a poner fe en Jehová y en Moisés su siervo. 
15 En aquella ocasión Moisés y los hijos de Israel procedieron a cantar esta canción a Jehová, y a decir lo siguiente: “Cante yo a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente. Al caballo y a su jinete ha lanzado en el mar.  2 Mi fuerza y [mi] poderío es Jah, puesto que él sirve para mi salvación. Este es mi Dios, y yo lo elogiaré; el Dios de mi padre, y lo enalteceré.  3 Jehová es persona varonil de guerra. Jehová es su nombre.  4 Los carros de Faraón y sus fuerzas militares él ha echado en el mar, y los selectos de sus guerreros han sido hundidos en el mar Rojo.  5 Las aguas agitadas procedieron a cubrirlos; como piedra bajaron a las profundidades.  6 Tu diestra, oh Jehová, está demostrando que es poderosa en habilidad, tu diestra, oh Jehová, puede destrozar a un enemigo.  7 Y en la abundancia de tu superioridad puedes echar abajo a los que se levantan contra ti; envías tu cólera ardiente, los consume cual rastrojo.  8 Y por un soplo de tus narices se amontonaron aguas; quedaron inmóviles como una represa de inundaciones; las aguas agitadas se quedaron cuajadas en el corazón del mar.  9 Dijo el enemigo: ‘¡Iré en pos! ¡Alcanzaré! ¡Dividiré despojo! ¡Mi alma se llenará de ellos! ¡Desenvainaré mi espada! ¡Los expulsará mi mano!’. 10 Soplaste con tu aliento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en aguas majestuosas. 11 ¿Quién entre los dioses es como tú, oh Jehová? ¿Quién es como tú, que resultas poderoso en santidad? Aquel que ha de ser temido con canciones de alabanza, Aquel que hace maravillas. 12 Extendiste tu diestra, procedió la tierra a tragárselos. 13 Tú en tu bondad amorosa has guiado al pueblo que has recobrado; tú en tu fuerza ciertamente los conducirás a tu lugar santo de habitación. 14 Tendrán que oír los pueblos, se agitarán; dolores de parto tendrán que apoderarse de los habitantes de Filistea. 15 En aquel tiempo los jeques de Edom verdaderamente se perturbarán; en cuanto a los déspotas de Moab, temblor se apoderará de ellos. Todos los habitantes de Canaán verdaderamente se desalentarán. 16 Sobre ellos caerán terror y pavor. A causa de la grandeza de tu brazo quedarán inmóviles como una piedra, hasta que pase tu pueblo, oh Jehová, hasta que pase el pueblo que tú has producido. 17 Tú los traerás y los plantarás en la montaña de tu herencia, un lugar establecido que has alistado para habitarlo tú, oh Jehová, un santuario, oh Jehová, que tus manos han establecido. 18 Jehová reinará hasta tiempo indefinido, aun para siempre. 19 Cuando los caballos de Faraón con sus carros de guerra y sus soldados de caballería entraron en el mar, entonces Jehová hizo volver sobre ellos las aguas del mar, mientras los hijos de Israel anduvieron en tierra seca por en medio del mar”. 20 Y Míriam la profetisa, hermana de Aarón, procedió a tomar una pandereta en la mano; y todas las mujeres empezaron a salir con ella con panderetas y en danzas. 21 Y Míriam siguió respondiendo a los hombres: “Canten a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente. Al caballo y a su jinete en el mar ha lanzado”. 22 Más tarde, Moisés hizo que Israel partiera del mar Rojo, y ellos salieron al desierto de Sur y siguieron marchando por tres días en el desierto, pero no hallaron agua. 23 Por fin llegaron a Marah, pero no pudieron beber el agua de Marah porque era amarga. Por eso él le puso por nombre Marah. 24 Y el pueblo empezó a murmurar contra Moisés, diciendo: “¿Qué hemos de beber?”. 25 Entonces él clamó a Jehová. De modo que Jehová lo dirigió a un árbol, y él lo arrojó en el agua, y el agua se puso dulce. Allí Él les estableció una disposición reglamentaria y una causa para juicio y allí los puso a prueba. 26 Y pasó a decir: “Si escuchas estrictamente la voz de Jehová tu Dios y haces lo que es recto a sus ojos y verdaderamente prestas oído a sus mandamientos y guardas todas sus disposiciones reglamentarias, no pondré sobre ti ninguna de las dolencias que puse sobre los egipcios; porque yo soy Jehová, quien te sana”. 27 Después de eso llegaron a Elim, donde había doce manantiales de agua y setenta palmeras. De modo que se pusieron a acampar allí junto al agua. 
16 Más tarde partieron de Elim, y por fin llegó toda la asamblea de los hijos de Israel al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de haber salido de la tierra de Egipto. 2 Y toda la asamblea de los hijos de Israel empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto. 3 Y siguieron diciéndoles los hijos de Israel: “¡Si siquiera hubiéramos muerto por la mano de Jehová en la tierra de Egipto, mientras nos sentábamos junto a las ollas de carne, mientras comíamos pan hasta quedar satisfechos, porque ustedes nos han sacado a este desierto para hacer que toda esta congregación muera de hambre!”. 4 Entonces Jehová dijo a Moisés: “¡Mira!, voy a hacer que llueva pan para ustedes desde los cielos; y el pueblo tiene que salir y recoger cada cual su cantidad día por día, a fin de que los ponga yo a prueba en cuanto a si andarán en mi ley o no. 5 Y el día sexto tiene que ocurrir que tienen que preparar lo que hayan de traer, y tiene que resultar el doble de lo que siguen recogiendo día a día”. 6 De manera que Moisés y Aarón dijeron a todos los hijos de Israel: “Al atardecer ciertamente sabrán que es Jehová quien los ha sacado de la tierra de Egipto. 7 Y por la mañana realmente verán la gloria de Jehová, porque él ha oído sus murmuraciones contra Jehová. ¿Y qué somos nosotros para que murmuren contra nosotros?”. 8 Y continuó Moisés: “Será cuando Jehová por la tarde les dé carne para comer y por la mañana pan hasta quedar satisfechos, porque Jehová ha oído sus murmuraciones que murmuran contra él. ¿Y qué somos nosotros? Sus murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová”. 9 Y Moisés pasó a decir a Aarón: “Di a la entera asamblea de los hijos de Israel: ‘Acérquense delante de Jehová, porque él ha oído sus murmuraciones’”. 10 Entonces ocurrió que tan pronto como hubo hablado Aarón a la entera asamblea de los hijos de Israel, ellos se volvieron y dirigieron sus rostros hacia el desierto, y, ¡mire!, la gloria de Jehová apareció en la nube. 11 Y Jehová habló nuevamente a Moisés, y dijo: 12 “He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Háblales, y diles: ‘Entre las dos tardes comerán carne, y por la mañana se satisfarán con pan; y ciertamente sabrán que yo soy Jehová su Dios’”. 13 Por consiguiente, ocurrió que al atardecer las codornices empezaron a subir y a cubrir el campamento, y por la mañana se había desarrollado una capa de rocío alrededor del campamento. 14 Con el tiempo la capa de rocío se evaporó, y resultó que sobre la superficie del desierto había una cosa fina, hojaldrada, fina como la escarcha sobre la tierra. 15 Cuando alcanzaron a verla los hijos de Israel, empezaron a decirse unos a otros: “¿Qué es?”. Pues no sabían lo que era. Por eso les dijo Moisés: “Es el pan que Jehová les ha dado para alimento. 16 Esta es la palabra que ha mandado Jehová: ‘Recojan de él, cada cual en proporción con lo que coma. Han de tomar la medida de un omer por cada individuo, según el número de almas que tenga cada uno de ustedes en su tienda’”. 17 Y empezaron a hacerlo así los hijos de Israel; y fueron recogiéndolo, algunos juntando mucho y algunos juntando poco. 18 Cuando lo medían con el omer, el que había juntado mucho no tenía sobrante y el que había juntado poco no tenía escasez. Lo recogieron cada cual en proporción con lo que comía. 19 Entonces les dijo Moisés: “Que nadie deje nada de él hasta la mañana”. 20 Pero no escucharon a Moisés. Cuando algunos hombres dejaban de él hasta la mañana, producía gusanos y hedía; de modo que Moisés se indignó contra ellos. 21 Y lo recogían mañana a mañana, cada uno en proporción con lo que comía. Cuando el sol calentaba, aquello se derretía. 22 Y aconteció que el día sexto recogieron el doble de pan, dos medidas de omer para una persona. De modo que todos los principales de la asamblea vinieron y lo informaron a Moisés. 23 Ante esto, él les dijo: “Es lo que ha hablado Jehová. Mañana habrá una observancia sabática de un sábado santo a Jehová. Lo que puedan cocer, cuézanlo, y lo que puedan hervir, hiérvanlo, y todo el sobrante que haya resérvenlo para ustedes como algo que ha de guardarse hasta la mañana”. 24 Por consiguiente, lo reservaron hasta la mañana, tal como había mandado Moisés; y no hedió ni se desarrollaron en él cresas. 25 Entonces dijo Moisés: “Cómanlo hoy, porque hoy es un sábado a Jehová. Hoy no lo hallarán en el campo. 26 Seis días lo recogerán, pero en el séptimo día hay sábado. En él no se formará”. 27 Sin embargo, el séptimo día aconteció que algunos del pueblo sí salieron para recogerlo, pero no lo hallaron. 28 Por consiguiente, Jehová dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo tendrán ustedes que negarse a guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Tomen nota del hecho de que Jehová les ha dado el sábado. Por eso les da en el día sexto el pan de dos días. Quédese sentado cada uno en su propio lugar. No salga nadie de su localidad en el séptimo día”. 30 Y el pueblo procedió a observar el sábado en el séptimo día. 31 Y la casa de Israel se puso a llamar aquello por nombre “maná”. Y era blanco como la semilla de cilantro, y su sabor era como el de tortas aplastadas con miel. 32 Entonces dijo Moisés: “Esta es la palabra que Jehová ha mandado: ‘Llena de él la medida de un omer como algo que ha de guardarse durante todas las generaciones de ustedes, a fin de que ellos vean el pan que hice que ustedes comieran en el desierto cuando estaba sacándolos de la tierra de Egipto’”. 33 Así que Moisés dijo a Aarón: “Toma una jarra y pon en ella un omer completo de maná y deposítala delante de Jehová como algo que ha de guardarse durante todas las generaciones de ustedes”. 34 Tal como Jehová había mandado a Moisés, Aarón procedió a depositarla delante del Testimonio como algo que había de guardarse. 35 Y los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años, hasta su llegada a una tierra habitada. El maná fue lo que comieron hasta su llegada a la frontera de la tierra de Canaán. 36 Ahora bien, el omer es la décima parte de una medida de efá.

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